miércoles, 10 de junio de 2015

Tarea 2: La caja de Skinner

 CAJA DE SKINNER
La caja de Skinner es el instrumento que este autor creó para el estudio del condicionamiento operante. En su versión más sencilla, la caja dispondría de una palanca que el sujeto -una rata, por ejemplo- puede apretar y de un dispositivo para administrar el refuerzo -comida, por ejemplo- cuando el sujeto apriete la palanca. Puede tener también algún instrumento que le permita al investigador señalar al animal la disponibilidad del refuerzo (una bombilla que pueda encender, por ejemplo), que haría el papel de "estímulo discriminativo".
La caja de Skinner tuvo un claro antecedente para la investigación de la conducta animal en las famosas "cajas-problema" de Thorndike.
Skinner ideó un mecanismo con la intención de conocer el aprendizaje y las reacciones animales. Se llama la caja de Skinner. Es una simple caja que aísla absolutamente del mundo exterior que tiene una palanca. En la caja, Skinner introducía un animal, normalmente palomas o ratones.
Skinner planteó el experimento para que se relacionase el accionamiento de la palanca con la obtención de comida. Así, cada vez que un ratón presionaba la palanca, se le recompensaba con comida. Los ratones asociaron rápidamente la palanca con la comida. Con el paso del tiempo, Skinner fue complicando el experimento, ahora la comida sólo sería suministrada alguna de las veces que se presionaba la palanca y cuando ya lo habían aprendido dejó de suministrarles comida. Esto hizo que los animales “desaprendieran” lo aprendido, pero el tiempo que esto les llevó fue igual al tiempo que tardaron en aprenderlo.
Las cajas de Skinner se caracterizan por tener tres componentes básicos: un manipulandum, un estímulo discriminativo y un registro acumulativo.
  1. El manipulandum es aquel mecanismo que el animal debe manipular, y que no está en la naturaleza del animal manipularlo (por ejemplo, pulsar una palanca). El animal deberá aprender a llevar a cabo la conducta de presionar la palanca para tener un reforzador satisfactorio (obtener comida o evitar una descarga eléctrica).
  2. El estímulo discriminativo es aquel estímulo que señaliza si el manipulandum funciona. Suelen utilizarse un sonido o una luz. En una sesión de aprendizaje, se puede enseñar al animal que pulsar la palanca sólo es efectivo si hay una luz encendida.
  3. El registro acumulativo es un aparato que registra las respuestas operantes en función del tiempo de forma acumulativa. Esto es, un gráfico cuyo eje de abscisas refleja el tiempo, y el eje de ordenadas las respuestas emitidas. También se señaliza qué respuestas han sido reforzadas, dato importante en caso de sesiones de razón fija/variable o intervalo fijo/variable.
Skinner dio una vuelta más de tuerca a sus experimentos. ¿Qué sucedería si se da comida al azar, sin ninguna relación con la palanca? Ahora viene lo más sorprendente. Los animales establecieron asociaciones falsas. Por ejemplo, si una paloma picoteaba una esquina de la caja y en ese mismo momento, por pura casualidad, le caía comida, la paloma asociaba el picoteo en la esquina con la obtención de comida. Así, cada paloma desarrollaba su "manía" particular, sin motivos reales.
"...supongamos que desligamos totalmente el aporte de comida de las acciones del animal. Digamos que, por ejemplo, el chisme le da comida a intervalos aleatorios, independientemente de lo que haga el bicho. ¿Qué ocurre entonces?
Aquí viene lo interesante.
Cada vez que le damos de comer a nuestro bicho, éste estaba haciendo algo (cualquier cosa). Y es ese "algo" lo que el bicho comienza a asociar con la comida.
Por ejemplo. Cuando le dimos la comida a nuestra rata, esta se estaba acicalando una oreja. La rata intentará acicalarse de nuevo, a ver si hay suerte. Lógicamente, al ser nuestro dispositivo aleatorio, esto no tiene efecto. Si la próxima vez que le damos comida está levantando una pata, la rata intentará repetir de nuevo esa acción. En algún momento, por mero azar, la rata repetirá acciones parecidas y obtendrá su premio. Y ese comportamiento comenzará a reforzarse. Cuando sus acciones no tengan efecto, el animal las "depurará", haciéndolas cada vez más complejas. Asociando a la obtención de alimento comportamientos realmente complicados.
Fíjate que estamos en un caso parecido al del apartado anterior: La recepción de comida está muy desligada del comportamiento del animal (¡Y tanto: no hay tal relacción!). El bicho aprende que, por ejemplo, girar tres veces sobre sí mismo y dar dos saltitos a la izquierda le da comida "a veces". Y, como hemos visto antes, las asociaciones que funcionan "a veces" son mucho más difíciles de "olvidar".
Skinner trabajó mucho sobre este último experimento con palomas, y llamó a esto, por razones evidentes, comportamiento "supersticioso". Las palomas aprendían comportamientos que, en realidad, no estaban relacionados con los resultados que pretendían obtener.
Puede parecer una tontería, y la imagen de una paloma haciendo oscilar su cabeza con la esperanza de que esto le haga obtener alimento puede parecernos risible pero, curiosamente, eso demuestra que la paloma es más definible como "inteligente" que como "tonta". Su cerebro está preparado para buscar relaciones, incluso aunque sean muy complejas. Las busca incluso aunque no las haya.
Y los humanos somos más inteligentes que las palomas (al menos, en promedio). Y nuestro cerebro está aún más dispuesto a buscar asociaciones."

Se ha criticado a Skinner por crueldad con los animales. Algunos le achacan que lo que los animales desarrollaban en la caja eran neurosis agudas, alteraciones del comportamiento debidas al sometimiento a condiciones antinaturales. La primera acusación es totalmente cierta. La segunda, es posible. Pero las conclusiones de Skinner tienen mucho sentido.
Nuestro cerebro ha evolucionado para buscar causas en mayor grado que el resto de los animales. No podemos seguir el rastro de una presa por el olfato, así que tenemos que deducir que cada huella, cada indicio, tiene su autor. La selección natural nos ha hecho así.
Cualquiera de nosotros tenemos comportamientos que no somos capaces de explicar racionalmente. Muchos de ellos simplemente no tienen explicación racional. Llamémosles tics, costumbres, manías, hábitos, creencias... Normalmente no sabemos porqué se originan. Incluso pueden revestirse de pretendida racionalidad. Después, por simple reproducción memética, la creencia falsa instalada en una mente coloniza la sociedad. Si extrapolamos las observaciones de Skinner a los humanos, podemos explicar el origen de las creencias irracionales.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario